Algo de diversión útil


Dando vueltas en la cama una noche de verano descubrí una técnica depurada para acabar con uno de nuestros más feroces enemigos.

¿Quien no ha estado más de una y dos y tres horas despierto buscando a ese mosquito que se ha metido en nuestra habitación durante la tarde y que está esperando a que nos durmamos para darse un festín a nuestra costa? ¿Quien no ha deseado saber la forma de acabar con estos bichos sin tener que utilizar los productos químicos que tanto perjudican nuestra salud o que en muchos casos no están a nuestro alcance? ¿Quien no se ha sentido alguna vez indefenso ante estos chupasangre?

Estos animalitos tan desagradables parecen haber descubierto la forma de ocultarse con tanta habilidad que, cuando uno está a oscuras, dormido o intentando dormirse, escucha su zumbido y enciende la luz para poder verlos y acabar con ellos, puede uno pasarse los minutos y las horas sin encontrarlos pensando en la carnicería que nos vamos a encontrar al día siguiente.

Yo he llegado a encontrar uno debajo de mi cama. Lo estuve buscando mas de dos horas encendiendo y apagando la luz cada vez que lo oía zumbar hasta que lo encontré allí. En mi falta de sueño llegué a pensar que son hasta listos estos animalejos.

Pues bien, amigos, podéis reíros pero yo he encontrado la técnica más depurada y probada para acabar con nuestro enemigo en esas circunstancias. Basta dotarse de un almohadón mullido y algo -sólo un poco- de paciencia.

Una vez preparados, apagamos la luz, nos tranquilizamos, nos metemos de nuevo en la cama y nos tapamos con la sábana y/o colcha hasta que no se vea de nosotros más que de la barbilla para arriba. Los mosquitos no ven en la oscuridad pero pueden volar guiándose por las fuentes de calor que perciben mientras lo hacen. Es así como nos detectan en una habitación oscura y como encuentran la mejor zona de nuestro cuerpo para picar y extraer la sangre cuando estamos dormidos.

Dado que estamos tapados hasta la nariz y estamos tranquilos, el mosquito, para encontrarnos en la oscuridad, no tiene otra forma de hacerlo que encontrar la corriente de aire caliente que producimos al exhalar el aire que respiramos y que sube desde nuestra cara hacia el techo. El susodicho baja entonces por el chorro de aire caliente hasta acercarse a nosotros frotándose la patas de gusto. No tardará mucho el cabrito, os lo aseguro. Sobre todo si todavía no os ha picado.

Tenemos que esperar hasta oirlo muy cerca y, entonces, sacamos los brazos y los agitamos en la oscuridad con violencia durante un momento. Sin perder un instante encendemos entonces la luz y, tachannn!, el maldito bicho se ha posado en la pared mas cercana a nuestra cama. ¡A NUESTRO ALCANCE! Coged entonces el almohadón que habéis dejado hábilmente a vuestro alcance y PLAFF! se acabó la pesadilla.

Siempre funciona.

Autor: Rafael Hernández Núñez

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