Irak, la Alianza de Civilizaciones y los problemas no resueltos


El problema de Irak no parece terminar. No empezó con una guerra de dos ejércitos ni tampoco es ahora una lucha de guerrillas frente a un estado impuesto. Esta contienda es mucho más que una guerra de estabilización de una zona económica estratégica por las reservas de petróleo o de introducción de la democracia en un entorno hostil.

El problema que se escenifica en Irak tiene un calado de mayor envergadura para el mundo en el que vivimos, para las sociedades que tantos siglos de luchas, trabajo y sufrimiento ha costado edificar. El respeto por el estado de derecho, la separación de poderes y las libertades fundamentales de los ciudadanos no musulmanes está siendo puesto en entredicho por una de las partes. Y este problema no se está resolviendo bien.

Pasa algo similar con la actual situación de tensión entre Israel y Palestina. Tal y como me lo contó un responsable de la embajada israelí en España, los Israelíes han fracasado en la búsqueda de una convivencia pacífica con sus vecinos y ahora tienen que dotarse de un nuevo muro que los separe. Es la muestra palpable del error de diseño y aplicación de un proyecto de acercamiento y convivencia que los israelíes han intentado llevar a cabo durante décadas en las que tuvieron la educación de los jóvenes palestinos a su merced. El muro es ahora, según ellos, la única opción. Y ello, según yo creo, aunque represente el fracaso del diálogo, de la convivencia civilizada y del intercambio beneficioso entre dos pueblos. No deja de ser una solución temporal como tantas y tantas veces a lo largo de la historia cuando dos mentalidades no se entienden y están abocadas a la vecindad por sus circunstancias vitales. Otro problema que no se está resolviendo bien.

Para entender lo que está pasando hay que ir al origen de la situación. Y es que el verdadero problema reside en la colisión de dos mundos que han dejado de intentar comprenderse y, hoy por hoy, digan lo que digan y planteen algunos vendedores de humo, lo tienen muy difícil para llegar a hacerlo.

Por un lado están las sociedades occidentales, los herederos de la civilización que un día surgió en los márgenes de los ríos Tigris y Eúfrates, allá en Irak, y las sociedades orientales que, aún partiendo de otras religiones y filosofías, en su evolución social y económica se han acercado a las primeras.

Por otro están las agrupaciones sociales creadas en torno a las diversas interpretaciones del Corán que conforman la mayoría de la población en el actual Irak y en los países limítrofes.

Las sociedades occidentales evolucionaron y se modernizaron a partir de la separación entre la iglesia y el estado. El progreso de la ciencia, del pensamiento económico y de los sistemas de organización política llegó cuando los pensadores y los científicos pudieron sortear las múltiples barreras que una iglesia entonces poco evolucionada pero demasiado presente iba poniendo a su paso. En la Baja Edad Media, la letra de cambio, instrumento fundamental en el desarrollo del comercio y del sistema financiero, surgió en parte para que, mediante un ardid técnico, aquellos que prestaban dinero con interés no fueran condenados por usura según los preceptos escolásticos llevados al extremo por fundamentalistas católicos en el poder. Desde entonces también el estudio del cuerpo humano y sus enfermedades fue obligado para poder superar las grandes epidemias de peste negra que asolaron Europa.

Grandes científicos como Kepler y Galileo fueron perseguidos por sus ideas excesivamente avanzadas aunque estas, lo mismo que las libertades personales y el respeto a la propiedad privada, acabaron imponiéndose con el tiempo. Por eso, después de escindirse, a la iglesia católica no le quedó más remedio que modernizarse en áreas tan importantes como la medicina, la economía, la estructura política de los estados y las ciencias naturales y sociales. A pesar de ello, o gracias a ello, mantuvo una influencia muy notable en la conformación y el desarrollo de casi todos los estados modernos avanzados. La bondad de muchos de sus preceptos básicos como estructura moral de base para una convivencia social pacífica es de gran importancia para entender su pervivencia.

En el otro lado del problema tenemos unos grupos sociales donde no existe aún una separación real entre sus estamentos religiosos y los poderes político, militar y económico. Aquí nos encontramos con unas sociedades donde todo el poder real deriva de una determinada interpretación del Corán. Y esta cuestión está en la raíz del actual desencuentro.

Cuando se lee el Corán, rápidamente se aprecia que la sucesión de textos incluidos en los ‘shuras’, o párrafos, no sigue ningún orden cronológico. Estos textos, que se supone relatan la vida de Mahoma y sus enseñanzas, están organizados en función de su tamaño. Con esta estructura resulta muy difícil extraer reglas morales que sean de generalizada aceptación sobre algún capítulo de su vida pues, sin conocer al completo la situación en la que se pronuncian determinadas palabras, es muy fácil sacarlas de contexto y extraer la conclusión que a cada intérprete le parece más cercana a sus intereses.

Interpretando así distintas partes del texto sagrado, uno puede extraer las actitudes más piadosas y respetuosas hacia las mujeres, los inferiores y los enemigos de su fe como las más despectivas, crueles y destructivas según qué punto de vista. Y esto sin hablar de que Mahoma era analfabeto y que los textos que conforman el Corán fueron escritos durante su vida y en los siglos siguientes a su muerte por los más diversos escribas y descendientes directos e indirectos.

Entonces resulta que en un mundo donde toda la estructura política, social, económica y militar deriva de una determinada interpretación del Corán, los intérpretes, llámense como se llamen, están en el centro del verdadero poder. Por ello se entiende que en el mundo musulmán todos los poderosos son o quieren ser descendientes directos de Mahoma para poder tener el poder de interpretar el Corán según los parámetros que más les favorezcan. Basta una mirada no muy profunda a sus organizaciones sociales para darse cuenta de ello.

Y es por ello que todas estas estructuras sociales están organizadas como lo que en occidente se denominan dictaduras. Ningún poderoso quiere tener cerca de sí y en libertad a nadie que pueda presentar una interpretación del Corán que pueda poner en peligro sus intereses ya que el que se despista rápidamente es sucedido en su posición de poder, y luego aplastado, por algún nuevo intérprete más ambicioso. Al-Andalus y los Reinos de Taifas en la España medieval suponen un buen ejemplo. Toda divergencia se corta de raíz. Y eso ha incluido, desde la edad media, cualquier planteamiento técnico o científico que pueda poner en duda la veracidad de lo dicho por los intérpretes del Corán en el poder.

De su eficacia en esta tarea, así como de su capacidad para cerrarse frente a los avances científicos que han ido emanando de otras civilizaciones, deriva el menor desarrollo de esta forma de organización social.

Entendido esto resulta más fácil comprender la colisión entre los dos mundos descritos y la dificultad de encontrar puntos de encuentro. La ‘Alianza de Civilizaciones’ resulta una utopía de ilusos incultos mientras una de las ‘Civilizaciones’ no tenga una interpretación común del libro sagrado del que dimana todo la forma de estructuración de sus sociedades y todo el poder de sus poderosos. Mientras dentro del mundo musulmán quepan los extremos sobre la interpretación del Corán, es imposible llegar a ningún acuerdo consecuente sobre el que no gravite la amenaza de una nueva y más radical interpretación de dicho libro sagrado. Las interpretaciones fundamentalistas del Corán no son sino una muestra de adonde se puede llegar en lo que a los derechos humanos, entendidos según la ‘Declaración Universal’, se refiere.

Pues bien, para recuperar Irak de verdad, para conseguir que sus habitantes puedan acceder a un mayor nivel de vida dentro de un entorno de seguridad para sus vidas y no se retroceda luego a situaciones dictatoriales como las vividas, la clave está en la educación. La seguridad es prioritaria en una fase inicial pero la educación es la base sobre la que se puede edificar cualquier futuro esperanzador.

Como ya se ha dicho, los israelíes lo han intentado con los palestinos y el fracaso de su proyecto no se debe a un error de fondo sino a la forma de implementar el proceso educativo. La enseñanza es un arma de doble filo, sobre todo cuando no se piensa bien lo que se va a enseñar. Los israelíes ahora lo saben bien, la enseñanza de la historia se puede interpretar desde el lado de los vencedores y desde el de los vencidos. El victimismo es un arma extremadamente arrojadiza. En un área donde desde las mezquitas se lanzan discursos con fuerte contenido político, económico y de organización social, redactados desde el punto de vista subjetivo del predicador de turno, resulta de máxima prioridad pensar bien las enseñanzas a impartir.

La experiencia en estos temas es fundamental. Desde el punto de vista de un profesor de Universidad que recibe todos los años gran cantidad de alumnos sin mucha formación, hay varias entre todas las materias que resultan ser de especial relevancia a la hora de educar para el progreso en libertad.

La primera debe ser la enseñanza de todo lo referente a las fuentes del valor. Hay que explicar y comprender de dónde surge el valor que los hombres damos a las cosas. Empezando por las fuentes primarias de valor, las que crean valores que incitan al ser humano a permanecer con vida, siguiendo en la escala decreciente de importancia hasta aquellas de las que depende el que cosas tan prosaicas como la moda alcancen valores tan altos dentro de determinados entornos sociales. Como se puede ver, no se trata de enseñar unos determinados valores, sino de analizar de donde surge cada valor en sí, de comprender cómo las fuentes de todo valor económico residen en el interior de los seres humanos. Este tipo de enseñanza lleva a muchos interrogantes personales que suelen estar en el origen de la comprensión del entorno y, en definitiva, de todo aprendizaje positivo de los mecanismos de unas relaciones sociales más libres y fructíferas.

Otra de las materias es la historia económica. La enseñanza de las razones económicas de la historia, de aquella forma en que las sociedades avanzadas consiguieron el grado de desarrollo que actualmente disfrutan sus ciudadanos, debería de ser uno de los pilares sobre los que fundamentar la educación de aquellos individuos que parecen temer y odiar todo aquello que desconocen. Entre estas razones económicas se encuentran también, como no, las ideas de todos aquellos filósofos y/o economistas cuya cercanía al poder tanto hizo por modificar unos hábitos tan dictatoriales como ineficientes desde el punto de vista económico.

La compresión de la importancia del dinero como instrumento de potenciación del comercio que cambió el curso de la historia, del origen de las espirales inflacionarias que hundieron una sociedad tan aparentemente avanzada en su tiempo como la del imperio romano y del papel de los gremios en el hundimiento durante el siglo XVI de las economías más ricas a finales del siglo XV, son algunos de los fundamentos necesarios para valorar adecuadamente el esfuerzo de las sociedades occidentales por salir del subdesarrollo.

Otros son el valor del respeto por la libertad económica individual dentro de ciertos parámetros, la importancia del cumplimiento de lo acordado en contratos de todo tipo y el valor de la confianza de los ciudadanos en la estabilidad de sus mercados como pilares básicos de todo el sistema económico de libertades que disfrutan en la actualidad las economías avanzadas. Todos son principios básicos que aquellos con los que nuestra civilización pretende entenderse deben conocer.

Estos estudios han de extenderse a la totalidad de las carreras que hoy se cursan dentro de los países que pretenden comprenderse dentro de un mundo en paz. No pueden existir licenciados universitarios sin unos conocimientos mínimos sobre el origen y el funcionamiento del sistema económico en el que van a desarrollar su actividad. Incluso en las civilizaciones occidentales hoy en día es muy frecuente ver a muchos desconocedores de estos temas hablar y tratar sobre ellos y, lo que es más peligroso, tomar decisiones que pueden poner en peligro el bienestar logrado tras muchos siglos de aprendizaje en nuestras sociedades -véase el caso de Argentina- y en riesgo la recuperación del pueblo de Irak para el mundo desarrollado.

Autor: Rafael Hernández Núñez

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4 comentarios el “Irak, la Alianza de Civilizaciones y los problemas no resueltos

  1. Te recuerdo que, desde la edad media y durante varios siglos, la religión cristiana se hizo fundamentalista. No había una ley cristiana como tal pero si una serie de principios que, de no cumplirlos, podías acabar tan mal como ahora en los países musulmanes si haces alguna ‘afrenta’ a su fé. La inquisición fue una herramienta de tortura utilizada para rendir infieles y fué precisamente el desarrollo y la extensión del conocimiento lo que hizo cambiar de posición a una iglesia encerrada en sus creencias. La separación entre la iglesia y el estado no fué un proceso fácil y nunca hubiera tenido lugar si la población ilustrada no hubiera tenido acceso a los conocimientos suficientes.

    Creo sinceramente que no valoras lo suficiente el poder de una enseñanza bien orientada, del conocimiento, frente a la ‘verdad’ clerical por mucho que esta se repita infinidad de veces. Es verdad que si a este proceso le añades el control de los discursos extremistas y una legislación más dura al respecto, el resultado puede, además de ser mejor, ser visible en un plazo más corto. Claro que si lo que enseñas es lo que se está enseñando ahora, pues….

  2. El origen de nuestro bienestar viene, precisamente, de la separación iglesia-sociedad. Esta separación en ningún momento puede ser aceptada por los islámicos, ya que toda la vida queda condicionada por esta creencia.
    Como mejor ejemplo queda la Sharia, ley islámica… nunca ha habido una ley general cristiana, una ley que si no se sigue no eres cristiano…
    El ejemplo de los extremistas islámicos de tercera generación (que no es uno o dos) sólo indica que no es tan sencillo como lo dices…
    Aparte de enseñar lo que tú quieres debes impedir que se enseñe lo contrario, que es lo que se hace en las mezquitas cada día. Si tú enseñas durante una hora al día que la convivencia, la tecnica, la libertad nos han llevado donde estamos y un iman le cuenta 5 veces al día que occidente es un cáncer y perderá su alma por aceptar esas creencias, no creo que consigas demasiado.
    Creo que sólo se puede llegar a una adaptación y convivencia si se controlan las arengas religiosas de los imanes, expulsando a todo aquel que sea extremista o enseñe (una sola vez es suficiente) el odio a esta sociedad que les ha acogido.
    ¿Cuál es la razón de que, como dices, pueblos pacíficos se inflaman de repente? Pues sí, por las arengas religiosas…
    Te recuerdo que la razón de explusar a los moros de España fué por ser quintacolumnistas en levante a favor de sus conreligionarios.
    No sé si soy muy pesimista, pero no creoq ue la religión islámica sea posible moderarla y hacerla que sólo se limite a la vida particular de las personas, ya que uno de sus pilares es la relación con los infieles, con las mujeres y el estado.

  3. Mas que apuntar sobre un error, lo que has hecho es precisamente resaltar una de las deficiencias que digo que tiene nuestra civilización en su sistema educativo. Hoy dia nuestro sistema de enseñanza no está bien diseñado para conseguir que los alumnos de secundaria, por no decir los universitarios, aprendan a valorar el sistema en el que viven. Nos creemos tolerantes y no enseñamos cómo la raíz de esa tolerancia está en el bienestar del que gozamos. Nos creemos inmunes a los totalitarismos y no sabemos cuan cerca estamos de perder lo conseguido tras tantos siglos de lucha para liberarnos del yugo del poder absoluto. ¡Los pueblos que desconocen el orígen de su bienestar están en grave peligro de perderlo!.

    Yo creo y quiero que se cambie el sistema para enseñar a nuestros alumnos de secundaria, y más aún a nuestros universitarios, las raices o fundamentos de nuestro sistema económico. Pero no con palabras que de tan retorcidas o pomposas acaben vacías de capacidad didáctica, sino con términos y ejemplos asequibles a todo el mundo. Mira mi artículo sobre Esta crísis que nadie entiende para que puedas apreciar lo que te estoy sugiriendo. No se puede decir que no se puede formar a la población musulmana en los principios que nos han hecho más libres y nos han permitido gozar de más bienestar porque algunos extremistas se hayan formado en dichos sistemas. Lo que hay que hacer es mejorar nuestro proceso de enseñanza en la dirección que apunto. De todas formas, terroristas los ha habido siempre porque siempre hay radicales igual que siempre hay descerebrados.

    Respecto a la eliminación del Islam del interior de nuestros países, no soy aún tan radical como tú sino más bien soy de los que creen que es mejor andar precavidos mientras se dialoga y se exige que los que vengan de otros mundos se adapten al nuestro al llegar. Quizá con el tiempo, y si sigo viendo como pueblos islámicos supuestamente pacíficos se inflaman con arengas religiosas extremistas, pudiera llegar a valorar las razones que llevaron a nuestros antepasados a tomar medidas tan drásticas.

  4. Muy buen artículo, sin embargo tiene un gran error:
    La religión musulmana es una religión que entra en todos los aspectos de la vida, la política, la guerra, la relación con los no creyentes y con los creyentes, etc, nunca ha tenido nada que indique lo de “al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”, sencillamente para ellos no hay nada para el César…
    Debes observar que muchos terroristas extremos musulmenes son hijos de segunda o tercera generación de emigrados a occidente, que han recibido una educación laica y técnica, que ha aprendido todas las enseñanzas que comentas y que, a pesar de ellas y de la enseñanaza de que la vida humana es lo primero (que creo que se enseña bastante…), están dispuestos a inmolarse (y lo que es peor inmolarnos) a la “mayor gloria de Allah”.
    Si así visto la enseñanza occidental no vale para los musulmanes y la oriental tampoco ¿qué enseñamos?
    Tal vez sólo haya una solución: eliminar el islam… al menos en nuestra sociedad, lo que nos permitiría controlarlos mejor.

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