La Estrategia Económica de los Estados


Esta entrada es la versión original del artículo que me pidieron para el número 0 de la revista “Estrategia Global”. La pongo aquí para que el lector pueda disfrutar de su lectura y contrastar este original con el texto que finalmente apareció en dicho número 0 y que fue desastrosamente revisado por Fernando Navarrete Rojas, en aquel momento encargado por la gerencia de la revista de su sección de economía.

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La estrategia es una ciencia. O quizá un arte. Seguramente las dos cosas. Tanto adoptada desde un punto de vista individual como si la pone en marcha un colectivo, siempre busca un objetivo, descubre, cuantifica y organiza unos medios, planifica uno o varios procedimientos ganadores y pone en marcha una actividad tan compleja o tan simple como sea necesaria para lograr aquel objetivo buscado.

Tiene de ciencia lo heredado de la naturaleza y perfeccionado por la mente humana. Todos sabemos que los lobos, y muchos otros animales que cazan en grupo, utilizan una estrategia muy depurada de acoso, acorralamiento y derribo de sus presas. Y siempre teniendo en cuenta su número, el terreno por el que se mueven, la dirección del viento y la presa en cuestión. También conocemos las diversas estrategias que utilizan sus presas para no ser sorprendidas o para poder huir ante un ataque no previsto. Todo esto ha sido estudiado y analizado por el hombre en su ascenso a la cúpula de la pirámide evolutiva. Todo ha sido perfeccionado y refinado en su constante ir y venir desde el comienzo de las civilizaciones.

Pero la estrategia no es todo ciencia. Existe un factor ganador que no depende de lo aprendido. O quizá en parte sí, ya que se apoya en ello. Y este factor es algo que ninguna máquina, por muy refinada y capaz que sea, podrá arrebatarle nunca al ser humano. La facultad de crear algo nuevo a partir de un proceso primero imaginado. La imaginación creadora es lo que hace al ser humano netamente superior y mucho más complejo que cualquier animal o máquina que uno pueda observar o imaginar. Por tanto, la estrategia, para ser verdaderamente ganadora, ha de tener algo de creación. Algo de arte.

El conocimiento humano, aunque ha llegado a cotas hasta ahora nunca imaginables, está todavía a años luz de alcanzar su cenit. Por eso siempre puede encontrarse una nueva vía, una nueva forma de conseguir lo perseguido. Cualquier estrategia puramente mecánica y siempre repetida con una cadencia, sea esta la que sea, es algo hoy día fácilmente reproducible por la competencia. Es la capacidad creativa e innovadora lo que marca verdaderamente la diferencia.

Todas las actividades sociales, es decir, aquellas que se llevan a cabo entre los hombres, pueden ser susceptibles de ser realizadas según una estrategia preparada con antelación. Estas son las que nos interesan en este momento. El amor, la guerra, la política y los intercambios de cualquier tipo se encuentran, como no, entre ellas. Existen las estrategias individuales, las empresariales, las colectivas menores o de grupos pequeños y las estrategias de los Estados. Una persona o un grupo pequeño pueden hacerle la guerra a otro u otros individuos y utilizarán siempre una u otra estrategia. Pero cuando un Estado decide hacerle la guerra a un individuo, un colectivo o a otro Estado, o toma decisiones como cambiar su política económica, poner en marcha una remodelación de su ejército o un cambio constitucional, entonces podemos hablar de ESTRATEGIA con mayúsculas. Los objetivos, los medios y los procedimientos alcanzan unas dimensiones y una complejidad que requieren ser tratadas con mucha más inteligencia. No nos olvidemos que inteligencia y estrategia son términos que van unidos de la mano.

En este texto mostraré, de la forma más amena posible, cómo la estrategia económica de algunos de los Estados que han sido importantes a lo largo de la historia les ha llevado a nacer entre otros Estados de su época, crecer a su amparo, aprovecharse de sus ruinas, emerger como imperios o grandes naciones y, en algunos casos, decaer y hundirse hasta desaparecer.

Es un recorrido que puede ayudar a atar cabos en la mente de muchos estrategas, no sólo económicos, sino también militares y políticos. No en vano, la historia nos muestra que economía y poder político y militar han sido y serán siempre apoyos recíprocos.

Después nos encontraremos con la realidad de nuestro mundo globalizado y veremos como cada Estado ha optado por una estrategia económica diferente en función de su ubicación geográfica, su historia, sus medios naturales, su cultura tanto científica como humanista y religiosa, y de su particular visión tanto del futuro como de su lugar en él. Obviamente, por espacio y amenidad no trataremos todos los Estados. Sólo los importantes o los que lo han sido. Incluyendo España.

La estrategia económica

Los gobiernos tienen a su cargo la prestación y el suministro de una serie de servicios y bienes públicos a la población por ellos gobernada. Bien sea porque, en un país bajo un régimen dictatorial, sin dicho suministro no quedaría población con vida para ser gobernada o se produciría una revolución o bien porque, en un país democrático, la población puede votar a la competencia política si no recibe lo que pide a cambio de su voto, el suministro y/o la prestación de dichos bienes y servicios públicos es uno de los referentes principales en la actividad de casi todos los gobiernos hoy en día.

La discusión sobre qué es bien o servicio público es una de las más candentes entre los economistas. Los adelantos de la técnica y la globalización de la economía con el correspondiente aumento del tamaño de las empresas hace que servicios que antes era impensable que pudieran ser prestados por empresas privadas en competencia, como por ejemplo la seguridad y el transporte ferroviario o aéreo, hoy en día sean perfectamente suministrados por empresas multinacionales. Y redundando ello en beneficio de los consumidores.

Para desarrollar sus funciones, los gobiernos tienen en sus manos una serie de herramientas o “medios”: La política fiscal o de recaudación de impuestos; la política presupuestaria o de ordenación del gasto público y la legislación económica o de ordenación y regulación de actividades económicas. Respecto a esto último, por ejemplo, no es lo mismo una legislación como la norteamericana donde se permite y se alienta la existencia de bancos de capital riesgo para promover el surgimiento de nuevas empresas que una como la europea donde lo que se pretende es proteger al máximo al ‘desvalido’ e ‘inculto’ ahorrador poniendo demasiadas trabas legales a la existencia de este tipo de bancos.

También tienen todavía, aunque en mucha menor medida que hace unos años, la política monetaria, es decir, la capacidad de decidir la cantidad de billetes y monedas que se acuñarán y se pondrán en circulación cada año. Cualquier economista avezado dirá, con mucho conocimiento de causa que, en la Comunidad Económica Europea, la relativamente reciente independencia de los bancos centrales nacionales, encargados de dicha función, y del Banco Central Europeo BCE-, ha reducido de forma muy significativa la capacidad de los gobiernos de la euro zona para fijar objetivos intermedios de crecimiento de la cantidad de dinero en circulación, pero espero que a ninguno de ellos se le escape la forma de nombrar los miembros de su consejo de dirección. Todos son nombrados por los gobiernos de los distintos estados ‘a dedo’ entre aquellos individuos que les plazca. Sin control parlamentario real alguno. Sólo hay que ponerse en la piel de cualquiera de estos individuos devenidos en consejeros del Banco Central nacional de cualquier país o del BCE para comprender que tras los pocos años que estarán en dicho organismo, su futuro puede ser más o menos brillante en función del ‘caso’ que hayan hecho de las indicaciones de sus gobiernos nacionales de turno. Es la carta que los gobiernos se guardan en la manga. No hay nada más que ver las presiones que todos ellos ejercen sobre el BCE para aumentar o controlar la emisión de nuevos billetes. Para ver una descripción más técnica del problema ver https://ralpherns.files.wordpress.com/2010/10/la-independencia-del-banco-de-espana-en-la-uem.pdf

Algunos gobiernos todavía mantienen también la política de tipo de cambios. Así, aunque el ratio al que podemos cambiar un euro por un dólar se decide libremente en el mercado entre los compradores y vendedores de dólares y euros, si en estos mercados pueden intervenir como compradores y vendedores los gobiernos, está claro que, sobre todo los gobiernos de los grandes estados con muchos recursos, podrán influir en el valor de sus monedas así como de otras en el mercado.

Con estos medios, o con aquellos de ellos que estén a su alcance en cada momento, los gobiernos generalmente plantean estrategias de crecimiento a corto, medio y largo plazo para los países que gobiernan. El éxito o el fracaso de sus estrategias afectarán el empleo y el bienestar de millones de personas y, por tanto, la marcha económica del país en el que viven. De la marcha económica del país dependerá entonces la capacidad recaudatoria de dichos gobiernos y por tanto, su capacidad de gasto en armamento o en el mantenimiento de oficinas diplomáticas o comerciales en otros países.

Aprendiendo de la historia

El imperio romano no surgió de la noche a la mañana. Su aparición estuvo ligada al hecho de que su economía estaba basada en una actividad económica más productiva que la de otros pueblos de su época como los griegos, los egipcios y los cartagineses. Los egipcios tenían una economía muy limitada a lo que se podía producir en las márgenes del río Nilo. Era un pueblo poco comerciante, habían sobrevivido aislados durante muchos siglos. Los griegos entraron en decadencia tras agotarse la plata con la que fabricaban sus monedas.

Roma surgió entonces como potencia hegemónica tras vencer a los cartagineses en las tres guerras púnicas. La base de su economía era una agricultura más productiva que trabajaba la tierra en hojas. La alternancia en su cultivo, con una forma de remover la tierra más evolucionada como el arado romano , permitió que el pueblo romano pudiera mantener un ejército más numeroso, mejor alimentado y con más y mejores armas que sus potenciales enemigos de la época. La etapa imperial duró cinco siglos. Fue el asombro de la antigüedad y, sin embargo, en su génesis estaba ya la semilla de su decadencia y destrucción.

Los problemas aparecieron porque el Estado romano necesitaba para su mantenimiento extraer cada vez más recursos del campo hasta un punto en que este empezó su decadencia. Entenderlo requiere algo de perspectiva. Los soldados del ejército eran, en un principio, todos campesinos libres obligados a realizar el servicio militar, el campo era la principal, si no la única en muchas ocasiones , fuente de ingresos que nutría las arcas del estado y el avituallamiento de los ejércitos. También la alimentación de los habitantes de las ciudades dependía de lo que produjera la agricultura y la ganadería. El servicio militar mantenía a los campesinos lejos de sus tierras mientras las necesidades de unas campañas militares en territorios cada vez más extensos y lejanos así como de un estado cada vez más grande obligaban a exigir unos impuestos cada vez más altos sobre dichas tierras. Los esclavos que se obtuvieron de las guerras fueron utilizados para trabajar las tierras y esto suavizó y ralentizó la caída lo mismo que el incremento del comercio en determinadas épocas.

Poco a poco, pero con tendencia creciente, los campesinos, incapaces de obtener de sus tierras los rendimientos suficientes para pagar los tributos que se les exigía, no tuvieron más remedio que venderlas. La tierra se fue acumulando así en unas pocas manos de jefes militares y grandes comerciantes y/o fabricantes de bienes para el ejército y el Estado romanos. Estos tenían, o fueron obteniendo por los más diversos medios -regalos del emperador, pago de lealtad militar al emperador, sobornos a los burócratas-, la exención en el pago de tributos. El Estado romano, viendo menguar sus ingresos alarmantemente, y con ello crecer la corrupción de su burocracia y la infidelidad del ejército -cada vez con menor número de campesinos ‘fieles’ a la metrópoli y más mercenarios que sólo trabajaban por su salario-, optó por la huida hacia adelante, ampliando el tamaño del ejército y la burocracia. Para poderlo hacer, aumentó los impuestos y modificó el contenido de metal precioso de sus monedas.

El último intento de reforma, la estatalización de la economía romana por Diocleciano a partir del año 284 d.C., no fue sino el preludio de la debacle. Este emperador consiguió que todos, jefes militares y grandes empresarios incluidos, comenzaran a pagar impuestos. A cambio, volvió a duplicar el tamaño del ejército y la burocracia. La estabilización de la economía duró unos cincuenta años. Al final, los privilegios volvieron. Se redujo entonces la recaudación de impuestos y de nuevo, apareció la inflación, contracción del comercio, contracción de la producción, paro, hambre y decadencia. Y esta vez sin solución posible. Los grandes propietarios se fueron a sus predios. Cuando Odoacro, rey germano, depuso a Rómulo Augusto como último emperador romano de occidente, apenas encontró resistencia.

Aunque de alguna forma se dieron cuenta de ello, los sucesivos gobiernos romanos -reyes, triunviratos y emperadores- nunca fueron capaces de resolver el problema económico que les llevaría a su triste final. Adoptaron estrategias económicas erróneas. Siempre consideraron la actividad agrícola como algo a realizar por seres inferiores. Promovieron el estudio de las artes y las letras. Llegaron a tener grandes arquitectos, escultores, constructores, artistas y filósofos. Pero nunca se preocuparon de promover el desarrollo de las técnicas agrarias. Un desarrollo que podía haber compensado la menor productividad que introdujo el uso de esclavos en las explotaciones agrarias y que hubiera permitido a los agricultores libres mantener sus tierras pagando unos impuestos cada vez mayores. No se centraron en comprender bien la base y el origen de su grandeza. Ese fue su gran error.

Otro ejemplo de la adopción de una estrategia económica errada nos lo muestra la historia del imperio español que surge tras el descubrimiento de América, tiene un breve período de gloria y languidece durante más de dos siglos dejando una pesada carga a los españoles que intentaron, durante el siglo XIX, poner en marcha una industrialización tan necesaria en su concepción como lenta e irregular y hasta fracasada en su ejecución.

A pesar de la existencia de buenos economistas en la España de la época, el emperador Carlos V (Carlos I de España) decidió formar un poderoso ejército para defender su imperio con unos ingresos por impuestos que nunca llegaron a cubrir el importe de los costes de tamaña empresa. En el Imperio Español del siglo XVI, con los privilegios impositivos que establecían los fueros regionales obtenidos del proceso de reconquista y la poca preocupación real por homogeneizar sistemas impositivos, sólo los habitantes de una Castilla rural y poco desarrollada pagaban impuestos para el mantenimiento de la burocracia del estado imperial, los tercios españoles y la Armada Invencible. Otros recursos de la hacienda eran los decrecientes e irregulares rendimientos impositivos de las explotaciones mineras en los nuevos territorios americanos y los procedentes de los monopolios comerciales sobre los productos extranjeros. Poca cosa. A esto hay que sumarle que las arcas del estado no se diferenciaban entonces de las arcas del monarca.

El resultado fue un desorbitado crecimiento del endeudamiento del estado español que, tras tres suspensiones de pagos en el mismo siglo XIV y siete más durante el siglo XVII así como numerosas ‘reconversiones’ de la deuda en los siglos siguientes, redujeron drásticamente el crédito de nuestra economía en el interior y en el exterior de nuestras fronteras e impidieron durante varios siglos la modernización de las infraestructuras y los medios de comunicación en el territorio más montañoso y rural de una Europa en cuyo proceso de industrialización fueron especialmente importantes estos dos factores.

Mientras tanto, los artesanos y comerciantes ingleses, aprovechando las guerras italianas de principios del siglo XVI -Italia era el principal productor de paños de la época-, ocuparon, ayudados por su gobierno, los mercados europeos que habían quedado vacíos, por causa de la guerra, con sus propias producciones. El gobierno inglés atrajo a todo tipo de artesanos con políticas liberales en el interior y mercantilistas de defensa a ultranza de sus intereses en el extranjero. Con las rentas obtenidas, los artesanos afincados en las Islas Británicas, no sujetos al control de unos gremios que se habían convertido con el tiempo en un estorbo para la innovación y la competencia en Italia y España, invirtieron en la mejora y ampliación de sus procesos productivos. A su vez, el Estado inglés, con los impuestos extraídos de una actividad económica floreciente, se dedicó a desarrollar las infraestructuras creando una red de canales fundamental para el desarrollo de los intercambios comerciales, el crecimiento del mercado interior y el desarrollo de las exportaciones. La legislación introducida durante los siglos XVII y XVIII reflejó perfectamente el deseo de la población de separar el gobierno de la monarquía, de hacer respetar la propiedad privada y lo acordado en los contratos privados, así como de que el gobierno interviniese lo menos posible en la actividad económica según las ideas de Adam Smith . Por algo Inglaterra evito una revolución como la francesa y fue el primer país en industrializarse.

Los Estados Unidos tuvieron que hacer frente a un dilema fundamental cuando, tras su independencia de Inglaterra en el siglo XVIII, decidieron dotarse de una Constitución propia. Dudaban entre construir un estado más o menos intervencionista en la actividad económica. Se decidieron por reflejar lo más fielmente las ideas de Adam Smith en su Constitución y se dotaron de uno de los textos fundamentales que más años han durado inalterados de todos los existentes hoy día. Esta Constitución, haciendo una defensa a ultranza de la propiedad privada, obligando a hacer cumplir escrupulosamente los contratos privados, eliminando barreras comerciales interiores preexistentes, dotando al ejecutivo federal de la capacidad de recaudar una parte de los impuestos y respetando el principio de mínima intervención del estado en la economía, creó un entorno de estabilidad y confianza que ha permitido uno de los desarrollos económicos más espectaculares y duraderos de nuestra historia. Los Estados Unidos son hoy la potencia que son, sin dudarlo, gracias a la elección de la estrategia económica que hicieron en su día.

Como estos hay muchos otros ejemplos en nuestra historia. Aciertos y errores en la elección de la estrategia adecuada han creado las diferencias de bienestar entre países de hoy en día. La historia económica, además de ilustrativa, es también una herramienta útil para los estrategas. Nunca hay que olvidarse que la información es poder.

Un ejemplo de estrategia económica errónea más cercano a nuestros días lo podemos ver en nuestro país. Durante la primera crisis del petróleo, entre 1973 y 1974, el precio de este producto se multiplicó por más de tres. Como el petróleo era una materia prima fundamental para la actividad industrial española de la época, la elevación de su precio repercutió rápidamente en el coste y, por tanto, en el precio de todos los bienes industriales así como del transporte. Entre esta subida de precios y una subida general de todos los precios sólo transcurrió un breve lapso de tiempo. Entonces, en cuanto los trabajadores observaron que sus salarios perdían capacidad de compra, reclamaron una subida de sus salarios.

El gobierno español afrontó esta situación con una estrategia económica mitad consecuencia de la realidad socio-política de la época y mitad resultado de una falta de visión de lo que dicha estrategia iba a provocar en nuestra economía. Ante la cercanía del final del régimen de Franco, el gobierno temía la importación de la inestabilidad social y política generada por los movimientos estudiantiles franceses de la época. Por ello, no sólo no pactó el reparto de la carga económica de un ‘shock’ externo como este entre todos los agentes sociales, acordando la reducción de la capacidad de compra de los salarios al mismo tiempo que los beneficios empresariales y los ingresos por impuestos del gobierno, sino que alentó el aumento de los salarios incrementando para ello la cantidad de dinero en circulación. Se acababan de hacer las modificaciones legales en 1970 para poder utilizar la herramienta monetaria de modificar la cantidad de dinero en circulación en una expansión o contracción de la economía y se utilizó expansivamente en el peor de los momentos.

España entró en una espiral inflacionaria subida-de-precios-subida-de-salarios-aumento-de-la-cantidad-de-dinero-en-circulación que situó la inflación de nuestro país en el 25% en poco más de dos años. Una inflación rápidamente convertida en estructural asumida por todos los agentes sociales como inevitable que ha costado veinte años eliminar. Un error de estrategia que ha ayudado a que en 1996 hubiera en este país 40.000 personas menos trabajando que en 1970. Y habiendo crecido para entonces la población en edad de trabajar un 30%.

Las estrategias económicas de los gobiernos actuales

En este mundo globalizado muchas cosas han cambiado en muy pocos años. Sin embargo, la elección de la estrategia adecuada por parte de los gobiernos sigue siendo igual o más importante. No hay casi tiempo para rectificar.

Cualquier efecto sobre la fe que los consumidores tienen en los entornos económicos en los que viven es de la máxima importancia en economías cada vez más dependientes de la propensión a consumir de estos.

Ahora más que nunca es importante que los gobiernos envíen mensajes tranquilizadores a los mercados. La estabilidad no es sólo cuestión de aciertos legislativos, también requiere que los mensajes que los gobiernos envían a los mercados sean ciertos y que lo que los gobiernos dicen que van a hacer lo cumplan. En el mundo de la información la teoría de juegos nos muestra que intentar engañar al contrario es un riesgo demasiado grande en un partido de larga duración. Es más importante y rentable a nivel de país mantener la credibilidad que perderla jugando a engañar al contrario constantemente. Los agentes sociales aprenden también a desconfiar del ejecutivo. Todo plan estratégico ha de contar con este factor. Una equivocación presupuestaria puede llevar a un país a la recesión, al paro, al cambio del sentido del voto y a la perdida del poder ejecutivo de los estrategas en uno o dos años. La credibilidad perdida cuesta mucho más tiempo recuperarla. La recesión sobrevenida entonces es mucho más difícil de superar. Véase el caso de Argentina.

Los cambios legislativos son una herramienta de gran importancia por lo que afectan la competitividad de las empresas que trabajan y producen a su amparo. La legislación sobre la jornada de trabajo es buena muestra de ello. Hace pocos años, en 1998 y 1999, los sindicatos y los partidos de izquierda de distintos países europeos lanzaron una campaña para conseguir una reducción de la jornada laboral. Este mensaje, muy atractivo electoralmente, encerraba una trampa económica que ha dejado secuelas en aquellos países que finalmente aceptaron el envite. Francia, Italia y Alemania han pagado unos cuantos años con recesión el hecho, entre otros, de que, en un mundo globalizado, donde las mercancías y las fábricas se mueven fácilmente de unos lugares a otros buscando la reducción de costes en el factor de producción mas caro, es decir, el trabajo, una reducción de la jornada laboral incide directamente en el coste unitario coste por unidad de producto elaborada de la mano de obra. Esto repercute inmediatamente en unos precios establecidos sobre márgenes comerciales muy bajos, hace perder competitividad a lo producido, perder cuotas de mercado y, por tanto, perder producción y con ello empleo.

La globalización no es sólo de la información, también lo es de los capitales y los productos. En un área comercial donde las barreras comerciales han desaparecido y donde todas las comunidades que la forman ofrecen incentivos a aquellas multinacionales que se instalan en sus predios, la reducción de jornada decidida unilateralmente en parte de dicha área ocasionará, además, una fuga de aquellas empresas con una mínima visión de futuro. Es decir, las más competitivas.

Hoy en día, la estrategia económica de los estados está en el punto de mira. Todos los gobiernos democráticos y los que no lo son tanto reclaman una liberalización de los intercambios internacionales aunque luego ponen todo tipo de trabas posibles a la importación de aquellos productos que hacen la competencia a la producción nacional. Las reuniones de la Organización Mundial del Comercio son cada día más importantes para conseguir un desarrollo sano de la economía mundial. No apoyar o fomentar el crecimiento político y económico democrático de los países menos desarrollados implica, no sólo mantener un foco permanente de inestabilidad y posible origen de movimientos terroristas, sino también olvidarse de la importante fuente de demanda que, para los productos de los países más desarrollados, puede suponer una población cuyos niveles de subsistencia han sido sobrepasados y puede dedicarse a satisfacer algunas otras fuentes de valor como el bienestar, la comodidad y el ocio.

La forma de fomentar dicho desarrollo puede ser variada. Lo importante es que el resultado, en términos de bienestar para la población, muestre una mejora clara sobre la situación previa. Los países del sudeste asiático son una clara muestra de ello. Lo que algunos calificaban de sobre-explotación de su mano de obra cuando las multinacionales se instalaron en sus predios y pagaban sueldos miserables a los trabajadores contratados, se ha convertido en un foco de desarrollo y de dinamismo empresarial increíble al ver de donde surgió.

La población trabajadora ofrece su trabajo a precios bajos cuando no hay alternativa entre ello y la miseria. Pero cuando, atraídos por el bajo precio de la mano de obra y las facilidades para el comercio de la legislación nacional, las empresas acaban dando trabajo a la mayoría de la población trabajadora, esta se organiza en asociaciones que reclaman mejoras en sus salarios y en sus derechos laborales. El ocio aparece entonces como opción de consumo y el bienestar de la población aumenta de forma incontestable hasta alcanzarse la menor relación entre beneficios/costes empresariales que permita a sus producciones ser competitivas. El desarrollo empresarial que rodea el crecimiento de las multinacionales incide en la creación de una estructura económica empresarial propia en estos países. El caso de “los tigres asiáticos”, como así se les ha denominado, se estudia ahora en todas las universidades.

Autor: Rafael Hernández Núñez

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Un comentario el “La Estrategia Económica de los Estados

  1. ¿Tu crees que Zp tiene ‘extrategia’ económica?.- Es solo una pregunta que me viene a la cabeza.
    Un saludo y un abrazo.-
    (Soy Telesfor otras veces ‘wen-yi’, en Libertad Digital)

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