Intelectos mediocres


El mundo en el que vivimos está lleno de individuos con una mente muy mediocre que tienen una ambición desmesurada. Muchos de ellos llegan incluso a conseguir altos cargos y puestos en todo tipo de empresas y administraciones públicas.

Esta entrada en mi blog va para ellos, para esa gente con nombre y apellido que uno se ha ido encontrando por la vida y que no se entiende como es posible que ocupen el puesto que ocupan o que tengan el prestigio que tienen. Salvo quizá porque están rodeados a su vez por mediocres que les aúpan. Y quiero dar nombres y apellidos para que nadie se llame a engaño.

Carlos Berzosa

Cronológicamente he de empezar por Carlos Berzosa, Decano de la facultad de Ciencias Económicas durante unos cuantos años y después Rector de la Universidad Complutense durante ocho años con voz en muchos foros. Individuo ambicioso donde los haya este Berzosa.

Yo le conocí cuando en mi segundo año de carrera, octubre de 1983, tuve una asignatura llamada Estructura Económica, temario que él impartía por aquellos tiempos en la facultad. Ya entonces se rumiaba entre los alumnos que este individuo había sido, o que todavía era miembro, del partido comunista y que estaba derivando hacia el socialismo. Nada extraño para la época en una Universidad Pública.

Fué entonces cuando fui testigo de su falta de capacidad intelectual. Llevábamos un par de días de clase y algunos minutos de explicación de la asignatura por parte del profesor Berzosa cuando un compañero de clase levantó la mano para preguntar algo sobre lo que este profesor acababa de explicar y que no le quedaba muy claro. Era más bien una solicitud de aclaración que no esperábamos los demás alumnos que fuera muy difícil de contestar.

Ante nuestra sorpresa, este señor se quedó un momento callado y…, acto seguido…, continuó la clase de aquel día como si nada hubiera pasado. Ni una explicación ni un comentario al respecto.

Como es lógico, se produjo un ligero murmullo en la clase reflejo de la perplejidad de la concurrencia. Cuando nos recuperamos de la inicial sorpresa, empezaron a aparecer unas leves sonrisas en bastantes caras. En un momento dado, otro alumno solicitó del profesor otra aclaración. Este ni se inmutó y siguió dando la clase. Ni respuesta ni aclaración. Claro, las risan hicieron su aparición y su sonoridad fue in crescendo según uno u otro alumno iban preguntando sin obtener más respuesta que la que se obtendría de un autómata programado para dar una clase.

Resultó tan bochornoso que, a partir de aquel día muchos alumnos dejaron de acudir a sus clases. Pero Berzosa tuvo las narices de terminar el temario y examinarnos. Claro, nadie le planto cara entonces como así ha sucedido hasta que ha llegado a Rector.

Horst Siebert

El curso 1987-1988 estuve, junto a otros 21 estudiantes de todas partes del mundo, en el Instituto de Economía Mundial -Institut Für Weltwirtschaft- de Kiel, Alemania, para realizar un curso intensivo en economía y finanzas internacionales.

Este profesor alemán, nombrado por su gobierno uno de los cinco grandes sabios economistas alemanes hacia 1987, fue elegido para darnos un curso intensivo de International Resource Management, el tema sobre el que él había construido todo su prestigio.

Todos esperábamos el primer día de clase con expectación. La clase dió comienzo y el profesor Siebert inició su explicación. Sobre la marcha iba escribiendo en la pizarra los valores y gráficos más característicos empezando por las condiciones necesarias para desarrollar su teoría. Todo iba bien hasta que, mas o menos en el minuto diez, dijo que, tal y como había dicho al principio cuando detalló los supuestos o condiciones de partida, a=10.

Ahí levanté yo la mano e intervine para recordarle que, al principio, no había dicho que a=10 sino que a=0, algo con resultados muy diferentes para su modelo. El profesor se quedó un momento pensando y, sin mediar ninguna explicación, volvió a empezar la clase desde el inicio.

Todos, sorprendidos pero en silencio, escuchamos de nuevo su desarrollo hasta que, llegado al mismo punto en que decía que a=10, volví a levantar la mano y a recordarle al profesor la imposibilidad de que ‘a’ fuera igual a ‘cero’ y a ‘diez’ al mismo tiempo. En mi fuero interno deseaba que todo hubiera sido un malentendido que el profesor pudiera resolver sin problema.

Sin embargo, tras otro breve silencio, el profesor Siebert volvió a comenzar su explicación. Las miradas entre mis compañeros y yo se multiplicaron. Entonces, cuando la explicación llegaba de nuevo al consabido ‘a=10’, uno de ellos, levantó la mano y le dijo al profesor que creía que yo tenía razón, que a=0=10 no puede ser en ningún caso. Un murmullo se hizo entonces audible y, Horst Siebert, ni corto ni perezoso, cogió todos sus papeles y se fue de la clase.

No volvió a aparecer en todo el curso y, aunque tuvo la cara de ponernos un examen al final del período lectivo, aprobó a todo el mundo. La teoría en la que había basado todo su prestigio era un camelo y no tuvo la valentía de reconocerlo. Malo.

Peor sin embargo para mí resultó darme cuenta de todos aquellos alumnos y profesores que habían escuchado antes que yo su explicación y que no habían sido capaces de darse cuenta del error encumbrando a ese cantamañanas. Producción típicamente europea.

Autor: Rafael Hernández Núñez

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Un comentario el “Intelectos mediocres

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