Los 7 planes de choque que el Gobierno no debería llevar a cabo si no quiere hundir la economía


Miedo me dan los planes de choque o los grupos de medidas que los analistas y los expertos consultados van soltando cuando los medios de comunicación les preguntan al respecto. El último viene de la mano de los profesores de ESADE y lo publica Expansión el 24 de noviembre.

Para advertir al gobierno que forme Mariano Rajoy de lo que NO debe de hacer urgentemente cuando llegue al poder, en esta entrada voy a poner una lista de los planes de choque que se están publicando pero que nunca deberían ver la luz si no queremos cargarnos nuestra economía.

  1. Realizar una reforma laboral profunda que precarice las condiciones de trabajo de los asalariados sin antes realizar una reforma de la legislación financiera que permita el surgimiento de un verdadero sistema privado de capital riesgo. Sin este Capital Riesgo privado el surgimiento de nuevas empresas sin un apoyo financiero fuerte previo se vuelve tan difícil que nuestro mercado laboral seguirá mostrando gran debilidad por donde menos debería mostrarla. Me refiero a que sin este verdadero capital riesgo nuestro país seguirá sin tener suficientes empresas como para que el empleo estable venga por la alta probabilidad de encontrar un nuevo empleo cuando se pierde el que se tiene y no por las indemnizaciones reflejadas en la vinculación contractual empresario-trabajador.

    Por lo tanto, primero tiene que darse la reforma de la legislación financiera y luego la reforma laboral. Si se hace al revés o la primera reforma no se hace, entonces una reforma laboral como la propuesta sólo provocará la creación de una gran masa de trabajadores mal pagados y con empleos precarios cuya capacidad de compra quedará reducida al límite. Con esta capacidad de compra así reducida, nuestro crecimiento pasará a depender exclusivamente de la demanda exterior, craso error económico al que han estado abonados muchas generaciones de nuestros políticos desde antes incluso del comienzo de nuestra Democracia.


  2. Subir los impuestos -IVA, IRPF, tasas sobre la energía o Sociedades. Una subida de impuestos que busque aumentar los recursos del Gobierno para hacer frente al pago de la Deuda Pública, sencillamente tendrá el efecto contrario al deseado en esta situación de hundimiento de la capacidad de compra en la que estamos. Como ya hemos visto con la subida de 2 puntos porcentuales del IVA y otras tasas realizada por el gobierno socialista, no estamos en una crisis de demanda ordinaria. Estamos en una crisis provocada por el aumento de todos los precios de los productos de consumo, que se pagan con cargo a los ingresos salariales, muy por encima de lo que han crecido estos últimos durante mas de una década. Por eso esta no es una crisis en la que las familias tengan un ahorro que se pueda movilizar mediante el gasto público sino una en la que la capacidad de compra de los salarios ha disminuido tanto respecto a los precios de muchos de los bienes básicos de consumo que hoy solo se puede solucionar haciendo que las familias recuperen esta capacidad de compra y no reduciéndola más.


  3. Bajar más los salarios de los empleados públicos. El gobierno socialista bajó hace un año el sueldo de los empleados públicos en un 5% de media y esta medida, contrariamente a lo que ellos esperaban, y dado el efecto que ha tenido sobre la capacidad de compra del único sector de empleados de nuestra economía que estaba manteniendo unas tasas de consumo estables, no sólo no ha servido para mejorar las arcas públicas -si que lo hizo pero sólo en un primer momento-, sino que ha ayudado sensiblemente al bajón que está pudiéndose observar en los ingresos de las arcas públicas de estos últimos meses consecuencia de la menor recaudación por IVA provocada por el parón del consumo. El Estado no va a poder cumplir con sus compromisos de déficit y esto está perjudicando nuestra credibilidad y los tipos de interés que tiene que pagar nuestra deuda pública.

  4. Exigir al BCE una compra masiva de nuestros títulos de deuda pública en los mercados secundarios. Últimamente se está extendiendo la idea de que la subida excesiva de los tipos de interés que nuestra Administración tiene que pagar por conseguir fondos en los mercados de capitales para mantener su actividad es culpa de la inactividad del Banco Central Europeo en lo que a la compra masiva de deuda pública de los estados miembros de la zona euro con problemas se refiere. Nada hay más alejado de la verdad. La culpa de estos elevados tipos de interés la tiene únicamente una política económica que ha creado un sobreendeudamiento de 200.000 millones de euros en tan sólo dos años sobre los 300.000 millones que ya existían desde la época de Aznar y la escasa o nula credibilidad que nuestra Administración y su política económica se han ganado estos últimos años.

    Primero empezaron negando la deuda hasta las elecciones generales de 2008. A continuación siguieron diciendo que nuestra economía estaba en la Champions League mientras gastaban enormes cantidades de dinero público de forma keynesiana -no seleccionando gastos productivos- sin entender que no estábamos en una crisis keynesiana. Luego, cuando la deuda emitida más sus intereses comenzaron a pasar factura, empezaron a recortar el sueldo a los empleados públicos y a subir los impuestos para aumentar la recaudación equivocándose una vez más al cercenar duramente la capacidad de compra de los ya castigadísimos salarios españoles. La puntilla la puso la eliminación de la desgravación por compra de vivienda.

    Si nuestro Gobierno quiere que los mercados vuelvan a confiar en nuestra deuda pública y bajen los tipos de interés, lo primero que tiene que hacer es poner en marcha políticas económicas bien pensadas para resolver las causas profundas de esta crisis, trabajar arduamente y decir la verdad sobre la situación en cada momento.

  5. Inyectar nuevamente dinero público en las instituciones financieras sin contraprestación alguna. Negar la responsabilidad gubernamental en el origen de la crisis fue una constante del gobierno socialista saliente. Y uno de sus grandes errores tanto económicos como políticos. El que su responsabilidad no fuera en un principio activa sino pasiva no le quita un ápice de importancia al hecho de que no supieron ni quisieron entender el origen de una burbuja inmobiliaria que estaba golpeando de forma solapada pero muy real la capacidad de compra de las familias españolas -ver la entrada de este blog titulada ‘Esta crisis que nadie entiende’-.

    Reconocer esta responsabilidad implica tener que asumir costes tanto políticos como económicos. Los costes políticos son claros pero acabarán limpiando una imagen muy deteriorada de una casta que, ante los ojos de una opinión pública cada vez más crítica, parece que nunca se equivoca. Los costes económicos han de venir por la necesaria devolución de la capacidad de compra a las familias y ello podría empezar obligando a los bancos y cajas sostenidos con fondos públicos a sacar al mercado -con banco malo o sin banco malo- todas las viviendas que se han quedado en cartera como consecuencia de los embargos resultantes del impago de las cuotas de los créditos hipotecarios o de los impagos de las empresas promotoras. Esto haría bajar el precio de las viviendas a valores más próximos a los asumibles por los sueldos medios que entran en la mayoría de las familias españolas, reactivaría la demanda y la actividad inmobiliaria.

    Por supuesto, esto no podría hacerse sin antes resolver el problema que estuvo y aún está detrás del surgimiento de la burbuja inmobiliaria. Si no se cambia la fórmula de cálculo del IPC para incorporar el precio de la vivienda para uso propio, el problema de la inflación en los precios de la vivienda volverá a aparecer y con más fuerza si cabe.

  6. Abrir el grifo de la financiación pública para las empresas privadas. Otra de las ideas que se está extendiendo por los medios y los programas de los partidos políticos -véanse las entradas correspondientes de este blog- es la de crear líneas de crédito públicas o mixtas -públicas/privadas- para facilitar financiación a las empresas con problemas financieros, para hacer algo similar a lo que debería hacer el capital riesgo privado en el apoyo de las nuevas ideas empresariales y para facilitar la internacionalización de nuestras PYMES. Nada hay más lejos de la lógica económica para esta situación de crisis que perjudicar aún más las cuentas públicas a costa de financiar proyectos privados. Como si no estuviera ya más que probado que el dinero público no gestiona bien los riesgos privados. Además, la financiación del déficit público está tocando techo y está afectando negativamente el crédito internacional para nuestra economía. Si los mercados internacionales de crédito no se fían de nuestras Administraciones públicas, menos aún se fiarán de aquellas empresas privadas a las que dichas Administraciones pueden exprimir con impuestos -como suelen hacer- para pagar sus obligaciones crediticias.

  7. Reclamar la ayuda de las instituciones económicas internacionales para el pago de la deuda. Nada dañaría más nuestra credibilidad empresarial y económica como país que tener que recurrir al fondo de rescate europeo o al FMI para pagar nuestra deuda. Deuda que, por otro lado, no es tan enorme como la que nos dejó el Gobierno de Felipe González en términos de PIB y deuda que podría subsanarse fácilmente si se recuperara la capacidad de compra de los sueldos españoles. Para ello habrá que poner en marcha las medidas adecuadas entre las que no están estos planes de choque que critico. Que ello podría llevarnos a plantearnos una nueva política de rentas con Pactos de la Moncloa incluidos para trasladar recursos de nuevo a las familias, podría ser. Pero peor es seguir en este estado de inacción durante mucho tiempo más o poner en marcha planes de choque equivocados como los que se proponen desde muchas instituciones.

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2 comentarios el “Los 7 planes de choque que el Gobierno no debería llevar a cabo si no quiere hundir la economía

  1. Hola Ramón,

    El desapalancamiento bancario llega cuando al sector financiero se la hace cargar con los costes de un ajuste que no le corresponde en su totalidad y el Estado se dedica a absorver toda la liquidez restante para su propia financiación. Y eso es lo que está precisamente haciendo nuestro Gobierno. Por un lado, al sector financiero se le esta haciendo cargar con el coste de tapar los agujeros originados por un crack creado por la falta de conocimientos de economía de los gestores de nuestro Estado. Al no entender la evolución de nuestra economía, nuestros gobiernos se han equivocado una y otra vez en el diagnóstico y en los remedios a aplicar. Tanto los socialistas como ahora los del Partido Popular. Por otro lado, si el Estado se dedica a dar créditos al sector privado, esto lo tiene que hacer con dinero extraído del tejido productivo mediante impuestos como el irpf, el IVA, el IBI, las tasas o, aún peor, mediante acceso al crédito. Todo ello repercute diréctamente en los costes de las empresas y, por tanto, en su competitividad. Además, entremedias se quedan todos los costes de mediación del sector público, siempre muy superiores a las de los intermediarios del sector privado. Por tanto, la financiación publica es el peor de los remedios para la falta de financiación de las PYMES y autónomos.

    Por otro, el Estado no es un buen gestor financiero sobre todo cuando de crear competitividad se trata. ¿A quen le va a dar sus créditos?. ¿Con que criterio van a decidir si un proyecto es viable o no? ¿Van a intervenir en esta decisión criterios políticos? ¿Si es así, como se le va a negar financiación a un proyecto claramente apoyado políticamente por el Gobierno de turno? Si lo que se busca es que las empresas españolas tengan financiación barata regida por criterios méramente empresariales para poder sacar adelante sus proyectos, lo mejor que se puede hacer es desregular el sector financiero para permitir el surgimiento del capital riesgo -no el capital semilla- a la americana y evitar en lo posible que el Estado acuda al mercado privado de crédito para cubrir sus necesidades. Es decir, por un lado sería necesario un capital riesgo que cobre buenos intereses por arriesgarse a financiar proyectos empresariales sin apoyo financiero fuerte previo. Un capital riesgo gestionado por entidades financieras privadas que buscaran reducir sus costes al máximo para optimizar sus beneficios en contraste con un Estado megalómano donde los impuestos tienen que sostener un enorme aparato burocrático antes de llegar a los empresarios necesitados. Hoy en día lo que sucede coon nuestro Estado es lo mismo que sucede si intentamos comer un caldo con un colador.

    Claro que si un Estado tiene tan falto de liquidez el mercado privado de créditos que el único capaz de dar créditos a las pymes y a los autónomos es dicho Estado -capital semilla-, la situación ha llegado a tal punto que la enfermedad económica que sufre esa sociedad sólo puede sanarse con muchas dosis de reformas estructurales liberales. Y no de las del tipo que nos proponen desde este Gobierno del Partido Popular ni desde el del PSOE cuando gobernaba. Estos dos partidos, gobernados por políticos con baraka pero de lo más mediocre desde el punto de vista intelectual, han acabado ocupando casi todo el espectro político hipertrofiando el Estado y dañando el sistema hasta el punto que ahora nos encontramos.

    Respecto al punto 7 te diré que la crisis de la última legislatura de Felipe Gonzalez fué una de las mas duras que ha vivido nuestro país -tanto por su profundidad como por el hecho de que era una crisis sobre otras crisis que se habían solapado ducesivamente desde finales de los años 70- hasta la llegada al proder de estos políticos tan ineptos como mediocres economistas. Entonces la serie temporal de cierres de empresas llego a su punto más alto y el Estado estuvo a punto de suspender pagos tras lanzar varias emisiones de deuda pública durante los primeros meses de 1995 que no consiguió colocar -por eso se adelantaron las elecciones-. Después, tanto el Gobierno del PSOE con solbes, Sebastián y Salgado, como ahora el Gobierno del PP con Rajoy, De Guindos y Montoro, nos están llevando por la senda de la depresión en forma de espiral contractiva. Ni una sola medida han tomado estos señores durante estos primeros cien días para reactivar la capacidad de compra de las familias españolas.

    La economía mundial no estaba tan mal entonces pero nuestros principales clientes europeos entraron pronto, muy pronto tras la subida del Partido Popular al gobierno, en una crisis derivada de la pérdida de competitividad que les produjo la introducción de la legislación que reducía a 35 horas la jornada laboral, reducción que no se llegó a legislar en nuestro país -aunque Pimentel estuvo muy tentado de acometer una tontería más- por la guerra frontal que en los medios y en todos los foros llevó a cabo el que estas letras te escribe. Puedes echarle un vistazo a la entrada de este blog titulada La Reducción de Jornada a 35 horas y comprobarás lo que te cuento. El Gobierno de Aznar tomo algunas medidas económicas que, quizá porque Rato no es De Guindos, o porque entonces acertaron de chiripa, ayudó a muchísimas familias españolas a recuperar la estabilidad salarial que llevaban tantos años buscando. Me refiero a la reducción del impuesto de Sociedades, la entrada en el euro con la reducción de los tipos de interés y de la inflación, la estabilidad y credibilidad presupuestaria -credibilidad que en los últimos años del Gobierno de Felípe González se había convertido en la chirigota de los economistas y en sujeto de apuestas de todo tipo para ver cuanto se iba a desviar cada año el presupuesto de la liquidación final-.

    Todas estas medidas hicieron que mucha gente que durante las dos décadas anteriores no había podido conseguir un empleo estable encontraran dicho empleo y salieran al mercado a comprar todo aquello -empezando por una vivienda- que no habían podido adquirir. Esta gran bolsa de demandantes de bienes inmuebles está detrás de las subidas iniciales del precio de la vivienda y sirvió de base para los posteriores procesos especulativos. Revisa el relato de los hechos que realizo en la página principal de este blog para que compruebes como la recuperación de nuestra economía no se llevó a cabo por la demanda exterior -demanda que fué creciendo paulatinamente- sino por una demanda interior ahogada durante muchos años que salió al mercado con la estabilidad de nuestra economía.

  2. sr.Rafael de estos puntos no me queda claro el punto 6, si hay desapalancamiento bancario y no llega el crédito a pymes, o bien se les va reduciendo cada año los limites de la póliza de crédito, hay proyectos que se pierden, proyectos que asume el riesgo la empresa y que podrían tener retorno,crear valor y empleo. Ademas sabemos que en otros países emergentes, las empresas tiene ese capital semilla para establecerse en otros países.

    Y un matiz sobre el punto 7, en la epoca de FG, estábamos mal, pero no habia una crisis global, tan dura como la actual, los otros países remolcaban, y se pudo poco a poco abrir nuestro grado de apertura.

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