El decálogo del diario Expansión para luchar contra el desempleo


Comento brévemente este decálogo que salió ayer en el diario Expansión. Me faltan calificativos para describir la desesperación que me produce leer propuestas como estas en diarios que llegan a personas influyentes de nuestro país.


EXPANSIÓN quiere contribuir al debate sobre los resortes para crear empleo de manera urgente, con diez propuestas concretas para estimular el mercado laboral.

1. Primacía absoluta del convenio de empresa

Flexibilizar más la negociación colectiva para asegurar la primacía del convenio de empresa. La reforma laboral avanza en la flexibilidad interna en las empresas, pero no es suficiente. Es necesario abrir el camino de la negociación individual con el trabajador para estimular la productividad mediante la retribución variable.


Mientras no se traten las dos partes de la ecuación del empleo, es decir, la flexibilidad de la legislación laboral por un lado y la liberalización del sistema financiero y de los trámites administrativos para crear una empresa por otro, estas medidas que buscan potenciar la supremacía del convenio de empresa no serán sino un pequeño parche a un sistema que no sirve para crear empleo.

El empleo lo crean las empresas, eso está claro. Pero las empresas no surgen ni crecen, ni crean por tanto empleo, si no cuentan con un sistema de financiación flexible y barato. Y nuestro sistema financiero cuenta con una regulación que lo hace sumamente inflexible, bastante caro e inasequible al surgimiento de un capital riesgo como el que existe en los Estados Unidos o el que curiosamente disfrutan los inmigrantes chinos de nuestro país.

2. La apremiante reforma de la protección a los parados

Racionalizar el sistema de prestaciones que reciben los parados. Es necesaria una reforma que controle a los desempleados con prestación para que estos demuestren que buscan activamente empleo. Es preciso limitar e incluso retirar la prestación a los desempleados que rechacen un puesto de trabajo.

Para empezar, a nadie medianamente inteligente le gusta estar desempleado por la sencilla razón de que el tiempo que no se está trabajando se va perdiendo capacitación y se va uno desconectando del mercado laboral. Además, la prestación por desempleo se acaba muy rápidamente. Así que a nadie hay que suponerle que no está buscando empleo activamente. Bastaría con que el sector público favoreciera el contacto entre los desempleados y las agencias de contratación privadas en un mercado donde fuera fácil que surgieran nuevas empresas para que los trabajadores que lo desearan pudieran encontrar fácilmente un nuevo empleo.

Por otro lado, el sistema de prestaciones que tenemos en este país es un sistema contributivo. Es decir, es un sistema que viene a sustituir a un seguro de desempleo de tipo privado sólo por la única razón de hacerlo obligatorio. Nuestra legislación considera al ciudadano medio tan incapaz o tan dejado en este aspecto, que obliga a cada empleado a suscribir un seguro obligatorio gestionado por el sector público.

El querer tomar la decisión sobre qué empleo tiene que aceptar cada trabajador es propio de un sistema socialista -ya sea de raíces nacionalistas o comunistas- totalitario y no de un sistema democrático. En nuestro país la prestación por desempleo es algo que ya se ha ganado cada trabajador cotizando durante toda su vida laboral y nadie tiene que venir a decirle que empleo ha de coger. El Estado no es nadie para intervenir hasta ese punto en el mercado laboral. Su obligación es crear las condiciones para que las empresas surjan, crezcan y creen empleo.

Menuda mediocridad intelectual derrocha el promotor de esta iniciativa.


3. Simplificar la maraña actual de contratos

Reducir y simplificar al máximo la compleja maraña de tipos de contratación. Hay que plantear un ‘contrato de emergencia’ para situaciones de crisis, con indemnización tasada y razonable para el trabajador en caso de despido, libre del arbitrio judicial. Hay que explorar el contrato único con indemnización creciente.


La maraña de contratos ni quita ni pone empleo. Ganas de reformar y reformar para que nada cambie. Lo que debería existir serían unas clausulas legales tipo a incorporar a los contratos y que el resto fuera el resultado del libre acuerdo entre las partes. Nada de un contrato único con toda la inflexibilidad que ello conlleva.

Dicho esto, recuérdese que liberalizar el mercado laboral sin liberalizar el sector financiero es apostar por la creación de una gran masa de trabajadores mal pagados cuya capacidad de gasto en consumo quedará reducida a la mínima expresión, hundiéndose así el mercado interior y retrocediendo nuestra economía a épocas muy oscuras. Exactamente lo que está pasando desde que entró en vigor esta reforma laboral del gobierno de Rajoy.


4. Miniempleos o la reforma del tiempo parcial

La inserción laboral de los jóvenes necesita contratos muy flexibles. Fomentar el contrato a tiempo parcial para adaptar la jornada a la demanda de trabajo.


Los miniempleos existen desde que existen los contratos a tiempo parcial. Esto es una propuesta de cara a la galería que no aporta nada. La flexibilidad viene también de la mano de los contratos por obra. El empleo no va a crecer porque se reforme más la legislación laboral, sino porque se permita el surgimiento y el crecimiento de empresas basado en un capital riesgo y un mercado interior amplios y dinámicos.


5. Rebajar la carga fiscal sobre la creación de empleo

Reducir el IRPF y las cotizaciones para suavizar la llamada cuña fiscal en el empleo. Las cotizaciones sociales españolas son de las más altas de Europa, y el coste fiscal de los trabajadores es muy elevado, lo que alienta la economía sumergida. Rebajar la cuña fiscal es fundamental para estimular la creación de empleo.


No entiendo qué tiene que ver el IRPF con el coste laboral para las empresas. Meter la bajada del IRPF en esta propuesta es quitarle todo el valor que tendría un reducción generalizada en los tipos de este impuesto sobre la recuperación de la capacidad de compra de una población que viene sufriendo muchísimo desde hace 10 años precisamente por la pérdida de poder adquisitivo de sus salarios. Estamos en una crisis de demanda no keynesiana -crisis de capacidad de compra de los salarios- y esta rebaja es una de las condiciones imprescindibles para recuperar nuestro mercado interior, las ventas de nuestras empresas, el empleo y la recaudación tributaria.

Las cotizaciones a la seguridad social son muy altas porque muchos españoles, por lo menos aquella parte de la población que ha puesto gobierno durante muchos años, se ha empeñado en tener un sistema sanitario, de cobertura al desempleo y de pensiones público de primerísima calidad. Si se quieren rebajar las cotizaciones sociales primero habría que pensar en reducir el tamaño del Estado -Administraciones públicas- en lo que respecta al sistema sanitario y al de pensiones. El resto es no decir más que estupideces que, de llevarse a cabo, no ocasionarán sino un aumento del agujero financiero de nuestras administraciones y, por tanto, un aumento del déficit público.


6. Nuevo modelo para formación de parados

Profesionalizar las subvenciones y el sistema educativo. Uno de los grandes retos de España es abrir en canal la formación. Tanto la ocupacional (que ha servido para esconder ayudas a patronales y sindicatos) como la profesional, con una FP dignificada y una nueva relación de las universidades y las empresas.


¿Que significa “profesionalizar las subvenciones”? Si de lo que se trata es de dar subvenciones a empresas de formación privadas, ¿no sería mejor dar la subvención, mediante un cheque sólo utilizable en empresas de formación, a los propios trabajadores, para que estos puedan elegir entre toda la oferta privada que exista y que sea el mercado el que limpie de suciedad el sector de la formación? Tanta intromisión pública en todos los sectores da mucho miedo. ¿Como puede un funcionario decidir cuales son las empresas de formación más aptas para dar cursos a los desempleados? Eso no es más que un nido de corruptelas.

La relación de las universidades con las empresas es una gran asignatura pendiente en nuestro país por la sencilla razón de que la mayoría de nuestros centros universitarios fueron creados con fondos públicos, desvinculándolos así de la necesidad de contar con fondos y, por tanto, con la orientación en lo que al tipo de formación necesario se refiere, de las empresas españolas. El resto de universidades, hasta hace bien poco, estaban en manos de ordenes religiosas, agrupaciones que emularon el modelo público en lo que a independencia del tejido empresarial se refiere. Así se crearon y así han medrado todo tipo de licenciaturas y grados que han saturado nuestro país de universitarios, profesionales e inventos no demandados por nuestro tejido empresarial. En EEUU todas las grandes universidades fueron creadas por el impulso de alguna gran empresa y todas viven de los fondos que estas invierten en los estudios que consideran más beneficiosos para su actividad empresarial. En España eso nunca pudo ser por la ausencia de empresas de suficiente dimensión desde la baja edad media y el fracaso de nuestra industrialización. Ahora que desde hace unos 30 años el avance de las comunicaciones ha permitido que volviera a crecer un mercado interior desconectado durante siglos, la “okupacion” política de todas las instituciones y del sector financiero ha hecho crecer la corrupción y el tamaño del sector público hasta límites insoportables para un sector empresarial que empezaba a despertarse por primera vez en muchos siglos. Por ello, esta relación bidireccional beneficiosa es el eterno recurrente de todo aquel que trata el problema de la competitividad de nuestro sistema productivo. Nadie ha aportado una solución viable hasta ahora para nuestro país.


7. Revolución en las políticas activas

Los servicios públicos de empleo necesitan una reforma total para aumentar su eficacia. El Gobierno debe plantearse si ha de recuperar las competencias de políticas de apoyo a la ocupación, reducir el Inem al pago de la protección por desempleo y aumentar la colaboración con las agencias privadas de colaboración.


¿Cuales son las agencias privadas de colaboración?¿Como puede un periódico como Expansión permitirse estas erratas? Claro que, con el nivel de los periodistas que escriben los artículos de contenido económico, no puede uno extrañarse de lo que va encontrándose durante un análisis serio de un tema tan importante como son las propuestas para luchar contra el desempleo.

Por lo demás, argumentar la necesidad de aumentar la colaboración con las agencias privadas de “colocación” sin explicar como se pondría en marcha este proceso, es dar pie a todo tipo de equívocos y especulaciones. No es lo mismo dar fondos públicos vía subvenciones que facilitar su funcionamiento con cambios legislativos liberalizadores.


8. Racionalizar el Salario Mínimo

Flexibilizar las barreras de entrada al empleo. El Salario Mínimo supone una discriminación extra para los jóvenes que apenas tienen experiencia.


El salario mínimo se aplica a los empleos a tiempo completo. Los empleos a tiempo parcial no tienen estas limitaciones y muchos jóvenes suelen entrar por primera vez a tiempo parcial en las empresas, como becarios o con los contratos de formación. La limitación a la entrada que puede suponer el salario mínimo no es, por tanto, nada comparado con lo que supone la falta de tejido empresarial. La enorme presión fiscal que un estado sobre-dimensionado impone ahoga la capacidad de compra de los salarios y la demanda interna de nuestra economía. La falta de un sistema de capital riesgo dificulta radicalmente la aparición de nuevos proyectos empresariales. Estas si son barreras de entrada al empleo para los millones de desempleados de nuestro país y no un salario mínimo ya de por sí bastante exiguo comparado con el existente en otros países de la zona euro que tienen nuestro mismo nivel de precios.


9. Fin a la burocracia que frena el autoempleo

Reducción de las trabas que se encuentran los autónomos para abrir un negocio. Es necesario que el Estado, las comunidades autónomas y los ayuntamientos reduzcan de una vez las barreras a la apertura de un negocio y los elevados costes a los que se enfrentan los autónomos y las pymes para crear empleo.


El problema no son tanto los costes administrativos para crear empleo como las dificultades para crear nuevas empresas sin un respaldo financiero fuerte previo. Sin mercado interior y sin respaldo financiero que acompañe a los nacientes proyectos empresariales hasta que alcancen el punto de equilibrio -ingresos=gastos-, no hay ni habrá nunca un tejido empresarial que demande todo la mano de obra cualificada que un país moderno ofrece. Y todos los intentos del sector público por inmiscuirse en asuntos que sólo el sector privado es capaz de organizar eficientemente acabaran en despilfarro de recursos, reducción del mercado interior y pérdida de tiempo para una ciudadanía empobrecida que no tiene ni lo primero ni lo último. Dicho esto, reducir las trabas burocráticas y los costes de creación y contratación deberían ser un objetivo prioritario para aquellas administraciones que estén de verdad preocupadas por el desempleo masivo. Claro que ello llevaría a reducir otros gastos -en este caso estructurales- de un sector público
a todas luces sobredimensionado, reducción que ningún partido político existente en nuestro país parece estar dispuesto a emprender seriamente.


10. Romper el estancamiento de las pymes

Para crecer, es necesario evitar los incentivos perversos al desarrollo de una empresa. Los requisitos fiscales y laborales aumentan para las empresas que ingresan más de 6 millones de euros, lo que supone un freno para muchos empresarios. Es necesario suavizar estos criterios para romper una dinámica negativa.

La reducción de los costes administrativos que lastran el crecimiento de las pymes es una buena idea pero ni es una prioridad en esta crisis de capacidad de compra de los salarios ni sirve ahora para crear empleo pues no aumentaría la demanda de los bienes de estas empresas. Lo que en estos momentos tendría importancia de verdad sería reducir todos los impuestos que afectan la capacidad de compra de los salarios españoles -IRPF, IVA y tasas varias-. Sin estas reducciones, esta capacidad de compra tardará muchos años en recuperarse, los mismos que nuestro mercado interior y la crisis durará, como poco, otros veinte años. Lo mismo que esa otra crisis que llegó con nuestra democracia y los mediocres gobernantes que subieron al poder.

Que poco miraron los padres de nuestra constitución por la cualificación de nuestros políticos. Así nos va.

Con las ideas que emanan de los cerebros económicos de este influyente diario tampoco creo que hubiéramos llegado mucho mas lejos. Lástima de pérdida de dinero. No me extraña que Unidad Editorial, la empresa responsable de su edición, esté en tremendos números rojos.

Autor: Rafael Hernández Núñez